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Espejos, trenzas y derechos: Ser mujer feminista negra en Euskadi hoy

Por Colectivo de Mujeres Afrodescendientes 

Hablar de feminismo en Euskadi hoy nos obliga a ensanchar los márgenes del discurso. Ser mujer, negra y feminista en el contexto vasco actual implica reconocernos en una encrucijada donde se cruzan el género, la raza, la procedencia del sur del Sahara y nuestra situación administrativa. Escribimos esto desde la riqueza de nuestras múltiples identidades, sabiendo que nuestros cuerpos transitan espacios urbanos y rurales que están aprendiendo, poco a poco, a leernos sin prejuicios exóticos ni paternalismos.

Nuestras vivencias difieren profundamente de las de nuestros hermanos varones. Mientras ellos a menudo lidian con la sospecha y el control en el espacio público, nosotras enfrentamos la condescendencia y la deshumanización sutil. Ser feminista negra aquí es denunciar que los techos de cristal para nosotras son, con frecuencia, techos de hormigón que nos vinculan exclusivamente a los servicios de proximidad y cuidados, limitando nuestro acceso a puestos de toma de decisiones.

Pero la belleza de nuestro feminismo radica en su carácter interseccional y propositivo. No nos limitamos a habitar el espacio que se nos asigna; lo transformamos. Desde los colectivos feministas de Euskadi, estamos impulsando debates vitales sobre la descolonización del pensamiento, la belleza diversa (reivindicando nuestros cabellos, nuestros cuerpos y nuestra estética) y la corresponsabilidad global.

Nuestra voz es hoy indispensable para construir una Euskadi verdaderamente justa e igualitaria. Aportamos al feminismo vasco una mirada comunitaria, sanadora y decolonial que celebra la alegría como una forma de resistencia. Nos miramos al espejo y vemos lideresas, creadoras, técnicas, poetas y activistas que enriquecen los derechos de todas las mujeres del territorio.

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